domingo, 16 de marzo de 2014


AUTOFINANCIACIÓN Y CRECIMIENTO EN LAS PYME ESPAÑOLAS
 Hace días que hemos expuesto que el mayor problema de nuestro país en la actualidad es la falta de crecimiento en términos macroeconómicos. Pues bien, si bajamos un peldaño y disminuimos... a una escala inferior, veremos que dicho crecimiento global del país depende fundamentalmente de la capacidad de crecimiento que presenten sus unidades económicas de producción. Por ello vamos analizar cómo se encuentran en la coyuntura actual en nuestra economía.
Para conseguir el crecimiento necesitamos que las empresas presenten una buena rentabilidad y/o que se disponga de una capacidad para aumentar el capital de la empresa por parte de sus propietarios y/o de una capacidad de endeudamiento, que al mismo tiempo dependerá de la facilidad crediticia del sistema y del tipo de interés, lo que tiene que conducir a que la empresa pueda obtener un apalancamiento financiero positivo y mayor a uno, es decir que de la utilización de esos recursos se permita la amortización del crédito, el pago de sus intereses y un lucro por parte de la compañía.
Ahora, en la gran mayoría de las PYMES españolas eso no se está dando por los siguientes motivos que voy a exponer.
Primeramente hay que ser conocedores que la autofinanciación es el indicador que nos muestra la independencia financiera que tiene la empresa como consecuencia de los Fondos Generados por las Operaciones (FGO) que reinvierte. Al mismo tiempo depende de la política de dividendos que tiene que encontrar el equilibrio entre los intereses de la empresa y el de sus accionistas. Sin no se consigue dicho equilibrio y los pagos a los accionistas son mayores al del punto de equilibrio se corre el serio riesgo de que las empresas presenten problemas en un futuro y estos serán de mayor calado cuando el mercado se encuentre en un periodo de crisis o recesión.
La anémica situación de la economía española y la progresiva pérdida de actividad sigue encontrando reflejo en las cuentas de resultados de las empresas, la pérdida de sus márgenes y de su beneficio supone tanto un lastre para la autofinanciación y el crecimiento como un impacto sobre el empleo. Y es que las plantillas medias de las compañías españolas se han reducido un 14,9% en los últimos tiempos.
Por su parte, el Valor Añadido Bruto (VAB), que mide la actividad empresarial, se redujo un 3,7% en los nueve primeros meses del año, incrementando el ritmo de deterioro registrado en el mismo periodo de 2011, cuando menguó un 1,1%.
Se precisa avanzar en procesos de ajustes para mejorar la competitividad y la reducción de los niveles de endeudamiento. Sin olvidar que los procesos de saneamiento del sobreendeudamiento son siempre largos. Lo importante es que las empresas endeudadas saneen sus balances recuperando márgenes aceptables y las que lo precisen y presenten el marco idóneo, puedan recibir la financiación que necesitan, y por ello es fundamental terminar con las reformas estructurales que se han generado en el país y con el proceso de consolidación fiscal.
La mejora de la competitividad, no se produce sólo por las reestructuraciones de plantillas, o por la moderación salarial, que apenas subió un 0,1% entre enero y septiembre de 2012, frente al aumento del 1% en el mismo período del pasado año y del 1,5% en el conjunto del 2011. Soy de la opinión que es mucho mejor concatenar el salario a la productividad que estancamientos o reducciones forzosas.
Nos hallamos en un panorama de una demanda global enflaquecida, unas exportaciones estancadas o a la baja, una administración que dilata sus pagos, alargando los períodos de ciclo de caja, castigando el Fondo de Maniobra necesario, unos recursos ajenos difíciles de conseguir, una situación política complicada que los mass-media se hacen eco todos los días, y que no ayuda en nada en recuperar la confianza de inversores y consumidores. En las circunstancias actuales el capital propio se mantiene congelado, a lo sumo realiza operaciones especulativas. Todo ello es un lastre a la autofinanciación y por ende al crecimiento de las empresas y el país. Solo cuando recuperemos las ventas, consigamos unos niveles de endeudamiento empresarial equilibrados en cantidad, calidad y coste, que el apalancamiento financiero sea positivo, mayor a uno. La autofinanciación, tomara protagonismo y tanto si se reinvierte en la empresa directamente o los recursos van destinados al reparto de beneficios, estos se convertirán en consumo o ahorro, en cualquiera de las dos maneras serán inversión o ahorro y más tarde inversión, por tanto ayudaran a la autofinanciación de otras entidades, y para ello, deberemos de conseguir una rentabilidad y un rendimiento elevado o en su defecto aceptable. A la consecución de estos objetivos microeconómicos las medidas que tome el gobierno a nivel macroeconómico pueden no solo acortar los plazos de recuperación sino ser una fuente de incentivación, por desgracia a día de hoy no solo no ha tomado medidas adecuadas en esa dirección, sino por el contrario se ha dedicado a ir drenando disponibilidades liquidas del sistema, del conjunto de la población en general, a mi entender realizando un craso favor a la posibilidad de recuperación.
 

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